¿Qué riesgos implican hoy las disidencias de las Farc?

Disidencias

Una nueva tormenta política ha desatado la reaparición de Iván Márquez y Jesús Santrich, quienes en días pasadas dieron a conocer un comunicado donde esgrimen una serie de críticas al Gobierno Nacional.

El texto, ampliamente difundido por las que serían las redes sociales de la organización delictiva que comandan, vino junto con una fotografía donde además de los ya mencionados Márquez y Santrich, se les ve acompañados de quien fue el máximo comandante de la temible columna móvil Teófilo Forero, alias el Paisa y del también disidente alias Romaña, todos de camuflado y portando armas de alto calibre.

Como uno de los grandes ejes de polarización en el país, ha sido un tema que ha despertado toda clase de reacciones e interpretaciones. Por una parte, como gasolina política para los sectores críticos del proceso de negociación política con las Farc y de todo lo que ello deviene y, por otra parte, como un baldado de agua fría para la implementación del acuerdo de paz, y por supuesto para sus férreos defensores.

Esto además acontece apenas unos días después que desde el Gobierno y la Fiscalía se señalará a miembros de estas disidencias como algunos de los hostigadores en los hechos que se presentaron en Bogotá durante el 9 y el 10 de septiembre.

Hace 13 meses cuando se conoció el video donde Márquez y compañía manifestaban su determinación de volver a tomar las armas escribimos una serie de reflexiones, entre otras cosas, haciendo un llamado a “aterrizar la amenaza a sus justas proporciones”. Esta es una oportunidad, pero, sobre todo, una imperiosa necesidad, para documentar algunos elementos importantes que hoy en día giran en todo a las denominadas disidencias u organizaciones post-Farc, con el fin de tener algunas luces sobre el desafío que representan para el país en materia de seguridad.

¿Dónde hacen presencia? ¿Cuántos serían?

De acuerdo con un reciente informe de la Fundación Paz y Reconciliación titulado Seguridad en Tiempos de Pandemia, los grupos armados post-Farc (GAPF), estarían conformados por 2.600 miembros divididos en 30 estructuras y con operación en 113 municipios, ubicados principalmente en los departamentos de Cauca, Guaviare, Nariño, Norte de Santander y Putumayo.

De entrada, estas cifras dan cuenta de una importante expansión de este tipo de organizaciones ya que para 2018 se hablaba de unos cerca de 1.800 hombres en armas distribuidos en 60 municipios.

Sin embargo, es importante tomar con pinzas estas cifras. Se estima que el crecimiento en hombres de los GAPF se ha consumado en buena parte debido a nuevos reclutamientos y no a situaciones de reincidencia como si sucedió en los albores de la firma del acuerdo de paz. Según la Agencia para la Reincorporación, el 94% (12.767 de 13.510) del total de excombatientes que se acogieron al acuerdo continúan hoy en día su proceso.

Es importante recalcar que los 30 GAPF que se estiman hoy en día hacen presencia en diferentes regiones del país no corresponden a un proyecto militar único y mucho menos cuentan con unidad de mando. Se pueden observar al menos tres categorías:

1. Los GAPF leales a Gentil Duarte: son la disidencia que mayor amenaza representa para el país. Sumarían cerca de 1.700 hombres, es decir, el 65% del total de los hombres en armas aglomerados por los GAPF a lo ancho y largo del territorio nacional.

La mayoría de sus estructuras se encuentran entre los departamentos de Meta, Guaviare, Caquetá y en el último año han copado algunos municipios del Putumayo.

2. Los GAPF articulados a la Segunda Marquetalia de Iván Márquez: lejos todavía de equipararse a la capacidad económica y militar del Frente Primero de Duarte, pero con importantes adhesiones en el último año. Estaría alineando cinco GAPF que suman cerca de 200 combatientes.

Como lo ha señalado el gobierno nacional y otras organizaciones no gubernamentales con operación en campo, estos GAPF se encontrarían en la frontera colombo venezolana en los departamentos de Guainía, Vaupés y Arauca.

3. Los GAPF dispersos: así denominados por Paz y Reconciliación, se refieren a reductos que no responden ni a los intereses del Frente Primero liderado por Gentil Duarte ni a la Segunda Marquetalia encabezada por Iván Márquez.  Cuentan con un carácter autónomo, aunque alguna de ellas se baten a su interior por alinearse a algunos de los proyectos de alcance regional y nacional.

Sumarían alrededor de 700 hombres entre sus distintas estructuras las cuales se ubican mayoritariamente en el pacífico nariñense y caucano, el Catatumbo, el Bajo Cauca y el nordeste antioqueño.

Según señala el informe de PARES “la multiplicidad de los GAPF a lo largo del país ha implicado la existencia de disputas y alianzas entre estos mismos y otro tipo de grupos armados ilegales como el Clan del Golfo, ELN y EPL. De manera que en las zonas de mayor presencia de GAPF se observan unas dinámicas de violencia que han evolucionado rápidamente encendiendo las alarmas tanto en materia de derechos humanos como en el comportamiento de las principales economías ilegales en estos territorios”

El complejo camino hacia una eventual unificación de las disidencias

Sin lugar a duda, la mayor preocupación gira entorno a la posibilidad de una gran unificación de las diferentes estructuras en una sola organización. Sin embargo, esto todavía es un escenario supremamente hipotético.

Si bien el grupo liderado por Iván Márquez ha propendido por adherir buena parte de estas organizaciones, incluida a la disidencia de Gentil Duarte, han sido mayor el número de negativas que respuestas favorables. Principalmente el rechazo de Duarte ha sido el obstáculo para la consolidación de ambos mandos, por lo que la probabilidad de que se intensifiquen las confrontaciones entre las subestructuras que comandan es muy alta.

De acuerdo con lo anterior y según lo que se pudo observar a lo largo de la cuarentena por el COVID-19, lo más probable es que el número de GAPFs dispersos se reduzca a medida que se alinean a algunos de los dos proyectos. Esto podría generar fricciones que se materializarían en escenarios de recrudecimiento de la violencia en territorios concretos.

Una parte de las estructuras independientes continuará optando por mantenerse al margen de estas disputas, sobre todo las que trabajan con narcos locales quienes eligen por mantener un bajo perfil frente a la Fuerza Pública.

Conclusiones

Así como lo fue el video de hace más de un año, la nueva aparición Márquez y Santrich implica un sismo político y mediático principalmente relacionado a la aguda discusión que aún sigue generando el acuerdo de paz con las Farc.

En materia de seguridad, es necesario señalar que hoy en día, la Segunda Marquetalia es una organización que se encuentra supremamente distante de su aspiración ‘refundista’ de las Farc. Cualquier naturaleza política que pudieran llegar a tener en algún momento, sucumbió tras la firma del acuerdo de La Habana, es así como actualmente el Estado colombiano se enfrenta únicamente a redes criminales interesadas en los réditos de las economías criminales como el narcotráfico, la minería ilegal y el contrabando de armas, gasolina, etc.

Si bien no se trata de desdibujar la amenaza que pueda llegar a implicar, lo cierto es que otras organizaciones representan un mayor riesgo para la seguridad del país por encima de autodenominada Segunda Marquetalia. El ELN, el Clan del Golfo, incluso el GAPF liderado por Gentil Duarte, superan por mucho la presencia territorial, las capacidades militares y los recursos económicos del neófito proyecto de Iván Márquez.

En este orden de ideas, la política de seguridad del gobierno debe priorizar estos focos, responder a las necesidades de los territorios y no permitir que declaraciones sensacionalistas como las del grupo de Márquez marquen la pauta.  Es esto último precisamente lo que buscan generar.

Juan Fernando Restrepo

Juan Fernando Restrepo

Analista de Riesgo Político y Seguridad
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